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MANUSCRITO VOYNICH

DE LA BEINECKE LIBRARY (MS 408)
YALE UNIVERSITY (NEW HAVEN, EE.UU


El nombre del tratado le viene de su último descubridor: Wilfrid Voynich, librero anticuario de origen polaco, que lo adquirió en 1912 a los Jesuitas de la Villa Mondragone, suntuoso palacio renacentista del sureste de Roma. Desde el Renacimiento y hasta entonces se había perdido su pista.

Escrito en un lenguaje totalmente desconocido, aparentemente encriptado, hasta la fecha no se ha podido descifrar ni siquiera por los criptógrafos militares que descubrieron los códigos alemanes y japoneses de la Segunda Guerra Mundial. Ni los más potentes y sofisticados ordenadores del mundo, ni los equipos y agencias más especializadas en el campo de la descodificación han podido desvelar para nosotros su hermético lenguaje. Tal sucesión de fracasos no ha hecho sino agrandar aún más la leyenda del Voynich.

El misterioso texto viene ilustrado por múltiples escenas de mujeres desnudas, plantas desconocidas o inexistentes –las célebres FRANKENPLANTAS, así llamadas porque en muchos casos parecen estar compuestas de diversas partes de otras plantas, en algún caso llegando incluso a tener como tentáculos y ojos-, y constelaciones que los astrónomos no logran identificar. El tema es tan apasionante e inagotable y los esfuerzos por esclarecer este tozudo jeroglífico son tan vastos y considerables que han dado lugar una nueva ciencia: la voynichología.

Wilfrid Michael Voynich Wilfrid Michael Voynich, 1885.
"El libro imposible"El libro que nadie ha podido leer.
El códice más enigmático de todos los tiempos.
  • Voynich 1
  • Voynich 2
  • Voynich 3
  • Voynich 4
voynich 1
voynich 2
voynich 3
voynich 4

ÉPOCA :
Según la célebre prueba del carbono 14 a la que fueron sometidos sus pergaminos, podríamos datarlo entre 1404 y 1438.

IDIOMA :
Totalmente desconocido.

TIPOGRAFÍA DE LA LETRA :
Cursiva humanista.

235 x 162 mm y 252 páginas, incluyendo diversos folios desplegables.

SECCIONES:
Parece constar de un HERBOLARIO de plantas que, en su inmensa mayoría, hasta la fecha no han sido identificadas.

Luego aparecería un tratado de ASTRONOMÍA, otro de COSMOLOGÍA, una sección de BIOLOGÍA y otra de FARMACIA y RECETAS alquímico-esotéricas.

Edición facsimilar íntegra que recrea perfectamente el estado del original de Yale.

Tirada limitada y numerada de 898 ejemplares, cada uno de ellos con su correspondiente acta notarial.

Esmerada encuadernación artesanal y estuche de conservación, imitación de época.



El Voynich se ha ido atribuyendo sucesivamente a varios personajes históricos, a cual más afamados y conocidos: desde al gran filósofo, científico y teólogo franciscano Roger Bacon, que vivió entre 1214 y 1294, hasta al excelente matemático, además de astrónomo, astrólogo y consultor de la reina de Inglaterra Isabel I, John Dee (1527-1609), o a Edward Talbot, alias Kelley (1555-1597), alquimista y ocultista inglés, ayudante de Dee, o a Simón Bakalar de Praga –cuyo verdadero nombre era Simón Hajeck– padre del Doctor Hajeck, médico del emperador. Otros, han sugerido la autoría del mismísimo Leonardo da Vinci en su etapa de la última niñez o de la adolescencia.

Algunos de los personajes históricos que aparecen en esta poco conocida trayectoria vital del códice y que agigantan aún más si cabe su leyenda, son la Reina Isabel I de Inglaterra y el Emperador Rodolfo II de Bohemia, nieto del Emperador Carlos V y sobrino de Felipe II, con quien compartió varios años de su adolescencia y juventud. Del emperador Rodolfo II podemos incluso afirmar que fue uno de sus más antiguos y acreditados poseedores, por el que llegó a pagar una auténtica fortuna. Todo esto viene avalado por la valiosa carta MARCI, del año 1666, que aún hoy acompaña al manuscrito y que es un auténtico tesoro para ayudarnos a desvelar alguno de sus avatares históricos.

Y, cuando ya en nuestro tiempo, algunos empezaban a dudar de que tuviera algún sentido, nos topamos con la bien conocida y referenciada ley de Zipf. Formulada por el lingüista de la Universidad de Harvard, George K. Zipf, en la década de los años 1940, según esta ley la frecuencia con que aparecen las palabras de un idioma está sujeta a unas normas que todas las lenguas del mundo respetan rigurosamente, de forma que la palabra más frecuente aparece el doble de veces que la que le sigue en frecuencia, tres veces más que la tercera, y así sucesivamente, resultando que el “Voynichés” –como se ha dado en llamar al extraño lenguaje de nuestro códice- cumple a la perfección dicha ley. Y, como suele apuntarse acertadamente, difícilmente el desconocido autor del VOYNICH podría haber forzado su lenguaje para ajustarse a una ley que se formularía varios siglos más tarde.

Mucho más recientemente, un equipo de investigadores de la Universidad de Manchester, en el Reino Unido, capitaneados por el físico Marcelo Montemurro viene igualmente a demostrar que el texto del VOYNICH está escrito en un lenguaje auténtico aunque cifrado. El estudio en cuestión, compara el “Voynichés” con el inglés, el chino, el latín, e incluso con el lenguaje informático y con el código del ADN. Textos como el Origen de las Especies, de Charles Darwin, o Las Confesiones de San Agustín, sirvieron entre otros muchos para hacer la comparativa y llegar a la solemne conclusión de que el “Voynichés” tiene una estructura compatible con la de cualquier lengua humana, como afirma Montemurro y su equipo.

Las teorías e interpretaciones se suceden. Una de las más recientes, y con un bagaje documental importante, es la de la doctora Edith Sherwood, que ha querido ver en el VOYNICH una obra de niñez o adolescencia de Leonardo da Vinci. Algunos de los datos que aporta la doctora Sherwood son la semejanza de la escritura del códice con la del niño Leonardo que vemos en varios escritos conservados. En varias ilustraciones encontraríamos además repetidas veces -algo oculta pero visible- la firma “Vinci”, muy similar al de otras obras de Leonardo. Uno de los dibujos nos mostraría edificios del pueblo de Vinci, así como un castillo que, por sus características, solo podría ser el muy cercano a Vinci. Más aún, uno de los esquemas astrológicos nos indica claramente, según la doctora, la fecha de nacimiento de Leonardo, pues en escritura especular –tan grata a Leonardo- nos estaría revelando además su nombre. En fin, seguramente alguien investigará más a fondo esta sugerente teoría para analizar lo que de cierto pueda encerrar.

Así pues, en pleno siglo XXI y aunque los esfuerzos por resolverlo son aún mucho más numerosos, tenemos que admitir que el majestuoso reto sigue en pie.

Seguimos hallándonos ante el texto más críptico e insondable de la historia humana, o el mayor reto y enigma literario de todos los tiempos.

Esta edición facsimilar pretende, entre otras cosas, divulgar un poco más su conocimiento e incitar, en la medida de lo posible, a descorrer el velo y a asaltar la aparentemente inexpugnable fortaleza de su enmascarado texto.


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CONTACTO


Hans P. KRAUS

Completamos esta ficha descriptiva con la reproducción de las páginas del mítico catálogo de Hans P. KRAUS. Último poseedor del códice, KRAUS fue un librero anticuario de fama mundial, de origen austríaco y afincado en Nueva York, y al que le cabe el acierto de haber donado el códice -en un memorable gesto que le honrará para siempre- a la Biblioteca Beinecke de la no menos célebre Universidad de Yale, en la que, a día de hoy, descansa sonriente, inescrutable y seductor, esperando su hora de gloria.